De cuando conocimos ballenas…

Dejadme que os ponga en situación: una de las tardes en Córdoba, nada más despertar de una siesta, Harry empieza a hablarme de Puerto Madryn, de ballenas, de autobuses de más de 30 horas… Yo no entendía nada y no tenía ni idea de qué demonios me estaba hablando… Pues bien, resulta que se había estado informando (y mucha gente le había hablado) del avistamiento de ballenas en Península Valdés… Y que le gustaría mucho hacer eso (en lugar de visitar Uruguay) mientras esperábamos a mi padre… Tras “discutir” los términos, decidimos pasar un finde en Buenos Aires antes, y pusimos rumbo al avistamiento de ballenas.
El viaje a Puerto Madryn desde Buenos Aires fue de “sólo” unas 21 horas en bus…

Carreteras infinitas
Al llegar, Sebas, nuestro CS allí y Uma, su perrita, nos recibieron con los brazos abiertos y un excelente plato de pasta. Sebas vivía allí desde hacía unos 3 años, así que nos dio un montón de buenas ideas, las cuales escuchamos atentamente.

Uma!
Para aprovechar la tarde, alquilamos unas bicis para ir hasta una lobería (lobos marinos en su hábitat natural) a 15 km de Puerto Madryn. La ida fue una pequeña aventura en sí, con pinchazo de rueda incluido.

Harry arreglando el pinchazo
Lobos marinos
Con la bici
Y a la vuelta, un divertido paso por una bonita duna.

Caminando por la duna
El desierto del Sáhara o Puerto Madryn?
Puesta de sol sobre Puerto Madryn
Esa noche, tras pasear a Uma y cenar, dormimos plácidamente.

Nuestro objetivo al día siguiente, llegar a Puerto Piramides (en la Península Valdés) a dedo. Todo perfecto. Un buen hombre que trabajaba de electricista allí, nos llevó mientras hablábamos un poco de la vida, la familia y la política.

Reservamos una noche de hostel y nos subimos al barco… Estábamos emocionados… ¿Conseguiríamos ver ballenas? 

Lobos marinos muy cerca
Buscando ballenas
Tras un inicio un poco frustrante donde fuimos a ver lobos marinos y estuvimos buscando las ballenas por la bahía (no es fácil, ya que esta no es la mejor época para el avistamiento, han empezado a irse…), de repente…

¡Vinieron a saludarnos! Eran una madre y su “cachorro”… Eran enormes… ¡Y preciosas! De las cosas más bonitas que he visto nunca…

¡¡¡Ballenas!!!
Hola ballenita!!
Son ballenas Francas Australes, que se caracterizan por tener esas callosidades, que son áreas de piel elevadas de consistencia córnea, situadas en distintas partes de la cabeza. La distribución, dimensión y forma de los callos varían de una ballena a otra pero no cambian con el crecimiento, funcionan como huellas dactilares, identificando a cada animal durante toda la vida.

Ballena Franca Austral y sus callosidades
Nos decían que las saludasemos, y allí estábamos los dos niños chicos meneando los brazos y gritándoles.

¡¡Hemos visto ballenas!!
Fue un momento MÁGICO e INOLVIDABLE. Estuvieron un buen rato con nosotros, a ambos lados del barco y de vuelta a la costa incluso vimos otra saltando. Todo un espectáculo.

En el siguiente vídeo podéis sentir como fue el momento en el que se acercaron a saludarnos:
Vídeo del avistamiento de ballenas en Península Valdés

Más tarde en el hostel, conocimos a Johanne y Etienne, dos amigos franceses muy simpáticos, con los que disfrutamos un paseo por la costa esa tarde y una cena muy divertida.

Precioso atardecer
Volare…
Con los prismáticos de Etienne
Cenando pasta en buena compañía
Al día siguiente, tras pasar la mañana en Puerto Pirámides y hacer unas cuantas fotos nos despedimos del hostel, y visitamos juntos la península Valdés.

La ballena del hostel
Un besito
Colgado de la ballena
Con amigos, Wall-e, Cheewaca y Calamardo
La península Valdés es muy rica en fauna: guanacos, avestruces, elefantes marinos, pingüinos…

Especie de avestruz
Toda la familia: Bob, Patricio, Wall-e y Pingu!
Wall-e conversando con Pingu
Pingu posando
Gran día en excelente compañía
Aunque nos quedamos con las ganas de ver una orca, (para eso había que tener demasiada suerte en esta época…) ¡Fue un día muy divertido!

Para la vuelta a Puerto Madryn, mientras los cuatro hacíamos dedo,tuvimos la enorme fortuna de encontrar al mismo hombre que nos había traído hasta la península el día anterior, y nos llevó a los 4…¡con una escalera enmedio!

Con la cabeza en una escalera
Para volver a Buenos Aires, como no teníamos prisa, lo haríamos a dedo. Nos despedimos de Sebas, una gran persona que tuvimos la suerte de conocer gracias a este viaje inesperado y de Uma, que tanto cariño nos demostró.

Con Sebas, Uma y el mapamundi
Y así, encontramos a nuestro querido Jimmy, un camionero que nos “levantó” cerca de Puerto Madryn, y nos dejó en Bahía Blanca, casi 1000 km después.

El gran Jimmy

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Tomando mate

 

 

Yo pa’ ser feliz quiero un camión…
Fue un viaje de muchas risas, mucho mate… En el que incluso tuvimos que escondernos, ya que “por ley”, en su camión (de productos inflamables) no podía llevar autostopistas.

Carga ilegal

Pero no acaba ahí, ya que al llegar a Bahía Blanca, ¡Jimmy nos hizo una extraordinaria cena en su camión!

Jimmy, camionero y cocinero!


Tras pasar una de las peores noches en una gasolinera, temprano en la mañana nos pusimos a hacer dedo. Un joven nos llevó 120 km en dirección a Buenos Aires, a un pueblo llamado Coronel Pringles, un poco perdido de la mano de Dios… Pero volvió a aparecer nuestro ángel: Jimmy contactó con nosotros y decidió venir a buscarnos en su coche para acercarnos hasta Mar de Plata: más de 200 km de desvío en su camino para salvarnos el día y volver a hacer más de 300 km con él.

Decidimos tomar un bus nocturno hasta Buenos Aires (ya estábamos un poco cansados de hacer dedo). También pudimos visitar un poco esta ciudad (Mar de Plata) que tampoco entraba en nuestros planes…

Wall-e también visitó Mar de Plata
En Mar de Plata con Jimmy
¡Eternamente agradecidos al gran Jimmy! 

Buenos Aires… ¡sos re-linda!

Así fue nuestro paso por esta linda ciudad…

Nuestro paso por Buenos Aires se dividiría en dos etapas: un primer fin de semana muy intenso y (tras un desvío de más de 3000 km para ver ballenas), una segunda etapa mucho más tranquila…
Llegamos a estación Retiro a las 7 de la mañana del viernes, después de nuestras 18 horas de tren y fuimos directos a casa de Ariel, nuestro genial CS, que vivía cerca de la plaza de Congreso en un piso muy céntrico, ¡y muy bonito!

Plaza de Congreso
Desde el primer momento nos hizo sentir como en casa, y nos dio buenos consejos de qué hacer antes de irse a trabajar.

Visitamos el barrio de San Telmo, (donde tuvimos la suerte de conocer a Mafalda y sus amigos), el mercado y paseamos por sus bonitas calles.

Paseo de la historieta
Los amigos de Mafalda
¡ Con Mafalda !
Mercado de San Telmo
Seguimos andando hasta llegar al barrio de Boca, donde, además de visitar (por fuera) el estadio de Boca Juniors, paseamos por “Caminito”, una calle curiosa, donde las casas están pintadas con muchos colores, (ya que utilizaban restos de pinturas de barcos del puerto que está al lado) hay muñecos en los balcones y se baila tango en las terrazas de los bares. Harry y yo coincidimos en que era demasiado turístico para nuestro gusto…

Muro en Boca
Estadio de Boca Juniors
Riquelme
Pintando con la boca
El famoso Caminito
Un poco de música Argentina
El puerto
Esa noche, Ariel nos invitó a probar un asado en casa de una amiga suya. ¡Hacia mucho que no comiamos tan bien! Y, además, rodeados de gente muy divertida.

Nuestro gran chef
Disfrutando un asado en buena compañía
Demasiada comida para él…
Al día siguiente, Ariel nos hizo un “mega” Tour turístico: Avenida de Mayo hasta la plaza de mismo nombre, donde encontramos el Cabildo, la catedral y la Casa Rosada, para continuar por Puerto Madero y su reserva natural, Recoletas y su cementerio… ¡Todo con sus respectivas explicaciones e historia! Probamos empanadas, helado, alfajores… Y visitamos una preciosa Librería, el Ateneo, elegida la segunda más bonita del mundo por “The New York Times”

Quijote y Evita
Si no estás conforme…
Catedral de Buenos Aires
 

En Cabildo
La tumba de San Martín

De turismo con Ariel

Scouts de Argentina
El famoso Luna Park
Puerto Madero
Reserva Natural… nacida de los escombros
Cementerio de Recoletas
Paz y Amor
Ayudandole con el árbol
Al rico helado!
Librería El Ateneo
Reventados, descansamos un poco antes de salir a tomar unas cervezas por el barrio de Palermo, con unos amigos de Harry, y más tarde Natalia se unió con unas amigas. Un bonito reencuentro.

 

El domingo por la mañana dimos un paseo por el famoso mercado de San Telmo, donde cortan toda la calle Defensa para poner “puestecitos” en los cuales puedes encontrar de todo.

 

Animación en el mercado
¡Gardel Vive!
Calle Defensa
Esa tarde partimos rumbo a Puerto Madryn, (será otro post) de donde volvimos al sábado siguiente. Y Ariel volvió a ofrecernos su casa para quedarnos, así que aprovechamos la oportunidad.

 

Fuimos a un mercado escandinavo a comer y por la noche repetimos asado, esta vez con otros amigos de Ariel. ¡Otra noche muy amena!

 

Comida escandinava, muy típica de BA…
Cenando con amigos
Los días siguientes fueron muy tranquilos, ya que teníamos que esperar a mi padre y aprovechamos para organizar nuestros días venideros, aunque también fuimos a visitar el obelisco, a un concierto/batucada, ver bailar tango, comimos mucho dulce de leche…

 

 

Viendo los mejores bailarines de Tango
Aquí estuvimos
Wall-e y Cheewaca también, ¡por supuesto!
Saltando en BA
Konex
La bomba de tiempo
Mi padre, que continuaría el viaje con nosotros desde ese momento, llegó el miércoles por la noche y nos hospedamos en un hostel (Estoril) cerca de casa de Ariel.

 

 

Llegó sano y salvo!
Atardecer desde la terraza del Hostel
El “elefante”
Aprovechamos el jueves para hacer un tour por la ciudad, mientras yo intentaba recordar algunas de las explicaciones de Ariel.

 

 

El pensador de Rodin
Plaza de Mayo
¡Pesa un huevo!
El Ateneo por dentro
Comiendo en Restaurante!!
Con mi viejo en BA
Esa noche nos volvimos a encontrar con nuestras “Mapashes”: Natalia, Tamara y Marta, después de habernos separado hacía más de un mes en Rio.

 

 

Con Ariel y mi padre
Los Salomones unidos
Unas cervezas y una cena divertida para ponernos al día y contarnos nuestras aventuras… Y volver a despedirnos… De ellas, y de Ariel, que tanto nos había ayudado y al que debemos tanto… ¡Te espero en Almería, amigo!

 

Esa noche, Harry, mi padre y yo, tomabamos un vuelo hacia el Fin del Mundo: Ushuaia nos esperaba.

Desde Misiones a Córdoba, toda una aventura…

Nuestro último día en Puerto Iguazú volvimos a madrugar, pero en esta ocasión para trabajar… Si, si, no todo va a ser disfrutar… ¿Y cual sería nuestro trabajo? Repartir lechugas y repollos, en una ciudad llamada El Dorado.

Mochilas, cajas y lechugas
Realmente, se trataba de echar una mano a nuestro CS, Facundo, realizando el trabajo de su padre, que estaba convaleciente de una lesión. ¡Y nos lo pasamos genial! Fuimos escuchando al gran Sabina en la furgoneta, hicimos nuestro bautizo de mate durante los trayectos, nos reímos con anécdotas, descargamos cajas vacías, cargamos otras llenas y fuimos por todas las verdulerías de la ciudad para venderlas. En definitiva, ayudamos a Facundo, pero nos llevamos otra bonita experiencia, algo distinto, que los hoteles o albergues no te dan.

Un tío currante

Mi primer mate

Los trabajadores
Nos despedimos de Facundo en El Dorado, y nos pusimos a hacer dedo, autostop o como queráis llamarlo. Nuestro objetivo: llegar a San Ignacio. Había unas 2 horas de coche. Nosotros tardamos tres.

Haciendo stop con clase
Se nos dio genial: en primer lugar, nos “levantó” (como ellos dicen, ya que os recuerdo que aquí se debe evitar la palabra “coger”, que los españoles tanto usamos…) un maestro de secundaria que volvía del trabajo, nos avanzó unos 45 minutos. Tras esperar un cuarto de hora, nos levantó un repartidor de verdura con su furgoneta, el cual nos dejó en una gasolinera. Aún nos quedaba una hora y media aproximadamente, pero tuvimos la suerte de encontrar a Damián, que iba hasta el mismo San Ignacio. Un reparador de mesas de billar muy simpático. Así que a las 15h estábamos en nuestro hostel en San Ignacio, con piscina y todo.

Con el gran Damián
Este pequeño pueblo es conocido por sus ruinas Jesuíticas, de las más antiguas de Sudamérica.

En el hostel, tuvimos la suerte de conocer a Lucrecia, la chica que trabajaba en recepción y que fue muy amable con nosotros. También a Alex, un chico francés que estaba acabando su vuelta al mundo (en sentido contrario al mio) a quién hicimos mil preguntas… Y al cual volveríamos a ver en Córdoba unos días más tarde.

Tras un bañito y descanso en la piscina, fuimos a visitar las Ruinas.

No todo va a ser penar…
Llegamos con la última visita, y tuvimos que darnos prisa para alcanzar al guía que ya había comenzado… Pero cuando lo encontramos, tuvimos un pequeño problema de “comprensión”, con pequeño rapapolvo para Harry incluido… Así que nos fuimos por nuestro lado. Con todo ello, nos pareció una visita excesivamente cara para lo que hay que ver… O al menos, para alguien como nosotros, que miramos cada peso que gastamos con lupa…

Atardecer en las Ruinas

Ruinas Jesuíticas de San Ignacio

Atardecer en las ruinas
Fue una noche tranquila, jugamos al billar, al pingpong, hablamos con nuestros compañeros de hostel, compartimos vino de Mendoza…

Al día siguiente, tomamos una bici gratuita para hacer un sendero cerca del pueblo. Se me hizo muy duro, entre el calor que hacía (era mediodía), las cuestas, el mal estado de las bicicletas, el mio propio… Pero lo conseguimos.

Al sol después de la bici

Merecidas empanadas
A la vuelta, tras unas buenas empanadas y un baño en la piscina, fuimos a la entrada del pueblo, dispuestos a llegar hasta nuestro siguiente destino, Posadas, también a dedo.

Al poco tiempo nos levantó Diego, un chico super majo que nos llevó hasta la misma puerta de la casa de Memi, la hermana de Facundo, donde íbamos a hacer noche. Fue un viaje muy ameno, hablando de todo con Diego. ¡Mil gracias desde aquí!

La familia de Memi nos acogió con los brazos abiertos: nos hicieron sentir en casa,nos explicaron cosas de Posadas, nos acercaron y recogieron en coche…

Memi, su familia y su perro!
Seguíamos felices de tener la suerte de conocer a gente tan amable con unos completos desconocidos.

Y llegó el Domingo… Todo empezó mal: tuvimos problemas para sacar dinero (lo de Argentina y los bancos merece un post aparte), no compramos comida… Por suerte, el marido de Memi, se portó genial y nos llevó a varios bancos y al arco de seguridad, donde empezaríamos a hacer dedo. En esta ocasión nuestro objetivo era Corrientes.

Tras más de una hora al sol, un chico nos levantó y nos permitió viajar en la parte trasera de su furgoneta… Nunca he sudado tanto. ¡Qué calor! No podíamos ni hablar, era peor que una sauna…

¡El caloret!
Sólo pudo llevarnos media hora adelante y nos dejó en el peaje de Ituizangó. Ahí se acabó nuestra suerte. Durante más de 3 horas, NADIE paró ni siquiera para preguntar dónde íbamos. Sé que hay que tener paciencia para hacer autostop, pero…


Y esperar, esperar…
…a las 17h decidimos empezar a andar, pues el pueblo estaba a dos horas. En el camino, seguimos intentándolo, sin suerte. Llegamos a Ituizangó reventados, tras dos horas de marcha con las mochilas…


Y tomamos la decisión de tomar un bus-cama… Hasta Rosario (con la idea de acercarnos lo máximo a Córdoba, donde queríamos ir tras Corrientes)

Resignados ya que habíamos avanzado media hora en todo un día y al final tuvimos que pagar un billete de bus bastante caro) nos subimos en el bus, en el que disfrutamos de una rica cena y varias horas de sueño.

Llegamos a Rosario temprano en la mañana, y buscamos la mejor opción de llegar a Córdoba. Tuvimos la suerte de encontrar un chico que nos recogería con Carpoolear (Blablacar argentino) por la tarde, así que hicimos un poco de turismo por Rosario, con las mochilas al hombro.

Rosario

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Con la mochila a cuestas

La llama al soldado
 

Plaza de las banderas
El viaje en coche fue muy ameno. Cuatro horas con Rolando y otro chico en las que compartimos experiencias, consejos, anécdotas… Nuestro primer viaje en un coche que funciona con gas.

Con Rolando en su coche a gas

Llegamos a Córdoba sobre las 21h, y allí nos esperaba Marina, nuestra primera CS chica.

Esa noche, tras una excelente ensalada de pasta hecha por nuestra anfitriona, dormimos como angelitos.

A la mañana siguiente, visitamos la bonita ciudad de Córdoba, de la mano de la mejor guía posible, nuestra querida CS Marina, que, aunque no era de allí, tras 5 años en la ciudad la conocía al dedillo.

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Catedral de Córdoba

Con Marina en el porro gigante

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Cantante cordobes (cuyo nombre no recuerdo…)

La plaza de los círculos

Wall-e disfrutó Córdoba también
Visitamos el centro, la catedral, la Universidad… Pero lo que más nos impactó fue conocer La Casa De La Memoria, un museo-homenaje a todos los desaparecidos y exiliados argentinos durante el gobierno de facto (militar), donde la policía hacia “desaparecer” a los revolucionarios: jóvenes estudiantes, padres de familia, mujeres embarazadas… Los pelos de punta al ver lo que un ser humano es capaz de hacer a otro ser humano sólo por tener ideas políticas diferentes… Y esto no ocurrió hace tanto tiempo…

Mapa de los emigrados

“Policia”

Cordobazo
Seguimos visitando la ciudad, sus parques, sus casas… Su noria (que dicen que fue hecha por Eiffel) y volvimos a casa felices a probar nuestro primer “Choripan” (bocadillo de chorizo al que le puedes echar casi lo que quieras…) Lógicamente, después tocó siesta.


Por la noche fuimos a un concierto de unos chicos uruguayos que también estuvieron con Marina de CS y probamos el “Fernet con cola”, la bebida más popular de Córdoba, junto a Alex (que conocimos en San Ignacio) y los amigos de Marina. ¡Lo pasamos muy bien!


Con los amigos de Marina y Alex
El miércoles queríamos visitar Alta Gracia, ya que allí se encuentra la casa en la que Ernesto Guevara, alias “El Che”, vivió durante parte de su infancia.

Con el pequeño Ernesto
Fue una visita muy instructiva, donde aprendimos mucho sobre la infancia del Che, sus viajes, su ideología…

La poderosa. Diarios de motocicleta

De conversaciones con el Che

Un referente para nosotros

Walle-e le hizo reir
Aprovechamos el día para visitar la casa donde vivió y murió Manuel de Falla y un antiguo convento e iglesia Jesuíticos.

La casa de Manuel de Falla
 

De vuelta en casa, preparé una tortilla y cenamos con Marina y Gabriel, cordobés que habíamos conocido en Rio de Janeiro… ¿os acordáis? Además, Gabriel nos invitó a probar cerveza artesanal.

De cervezas en Antares
El jueves a mediodía nos despedimos de Marina cargados de regalos (atrapa sueños, una sudadera, una camisa…) pero, sobretodo, agradecidos por el trato recibido y la alegría de Marina, y pusimos rumbo a Buenos Aires.

Con nuestra querida Marina
Por delante: más de 18 horas de tren. “El tren más lento del mundo”, lo llamaría yo…

Viaje en tren

La peor milanesa del mundo

Iguazú 

Palabra que en guaraní significa “agua grande”  (i: agua; guazú: grande).
Es el nombre de un río que se ubica entre Argentina, Brasil y Paraguay, el cual desemboca en el Paraná. Tiene 275 cascadas. La más grande se llama Garganta del Diablo y tiene 70 metros de altura y 150 metros de ancho.

Imagen de las Cataratas
Los guaraníes son un grupo de pueblos indígenas suramericanos que se ubican geográficamente en Paraguay, noreste de Argentina, sur y suroeste de Brasil, sureste de Bolivia y Uruguay

Tras estos pequeños apuntes culturales, os contaré nuestra historia:

Llegamos a la rodoviaria de Sao Paolo (la segunda más grande del mundo) a eso de las 5:30 de la mañana y nuestro vuelo hacia Foz de Iguazú (en Brasil) salía a las 11:30, así que teníamos mucho tiempo. Estuvimos un rato con Natalia, ya que allí se separaban nuestros caminos. Compramos nuestro billete de bus hasta el aeropuerto y nos despedimos. Harry, Perry y Morry habían pasado una increíble semana juntos.

Llegamos al aeropuerto de Guarulhos y nos dijeron que era muy pronto para hacer la facturación, así que nos sentamos a esperar tranquilamente. Más tarde, cuando fuimos a hacer el check-in, descubrimos que… ¡¡¡nos habíamos equivocado de aeropuerto!!! Pues si, resulta que Sao Paolo tiene tres, y el nuestro estaba en la otra punta de la ciudad… Y si, lo sé, somos muuu tontos…

Resignados y con el miedo a perder nuestro avión, cogimos un taxi, a cuyo señor conductor le explicamos la prisa que teníamos (con lo tranquilos que estábamos…) y, la verdad, se portó muy bien, conduciendo como si fuese Ayrton Senna por las calles de Sao Paolo.

La historia tuvo un final feliz, para nuestra enorme suerte, pero nos dimos cuenta que, en este viaje, lo nuestro no están siendo los aeropuertos. Este “despiste” se había “comido” una parte de nuestro presupuesto con la que no contábamos… Pero bueno, son percances del viaje que te hacen aprender.

Llegamos a Foz sobre la 1 de la tarde y decidimos ir directos a ver las cataratas desde el aeropuerto.

Hacia muy buen día y lo queríamos aprovechar (ya comeríamos en otro momento…)

Dejamos las mochilas en una taquilla (nada barata) y compramos la entrada (tampoco estaba regalada). Al principio, cuando nos subieron en un bus para llevarnos al comienzo del sendero, nos pareció todo demasiado turístico para nuestro gusto, como un parque de atracciones…

Primera vista nada más llegar
Qoatis por todos lados, robando lo que pueden
¡¡Lo conseguimos!!
Pero la verdad es que todo es impresionante. Desde este lado, el brasileño, (días más tarde lo veríamos desde el lado argentino) tienes una vista panorámica muy bonita de las cascadas, aunque estás un poco lejos.

Panorámica
Con las cataratas de fondo
Hasta que llegas a la Garganta del Diablo… Y es como si estuvieras bajo el agua. (Ni que decir tiene que te pones empapado)

Ya estamos mojados…
Impresionante
Garganta del diablo en todo su esplendor
Empapados
Wall-e también alucinó
Estando allí, te sientes insignificante ante esta expresión de la fuerza de la naturaleza: el ruido del agua es atronador y la potencia con la que cae es alucinante.

Después de hacernos mil fotos y algunos vídeos, y disfrutar del momento, de la sensación, decidimos poner rumbo a la ciudad.

El viaje cansa…
En Foz de Iguazú nos esperaba Jorge, nuestro CS allí. Un chico paraguayo la mar de divertido. No recuerdo haber conocido a nadie tan apasionado por los idiomas (habla muchos de ellos e imita acentos perfectamente), además de ser un gran músico (toca el violín) y cantante (imitación a Bisbal incluida). Compartimos una divertida cena, en la que nos explicó muchas cosas sobre la ciudad (como, por ejemplo, que por un lado tiene frontera con Argentina y por el otro con Paraguay) y de todo en general: música, idiomas, literatura…

 

 

Paraguay a su izquierda; Argentina debajo
Aprovechamos mucho el día siguiente, visitando por la mañana la presa de Itaipú, la segunda más grande del mundo y que abastece de energía a Brasil y Paraguay, ya que en ella trabajan los dos países codo con codo.

 

La presa
Con Jorge
En el donuts
Algún fontanero por aquí?
Y por la tarde cruzando el puente de la Amistad para ir a Ciudad del Este, en Paraguay.

 

 

Tú en Paraguay, yo en Brasil.
No habíamos escuchado hablar mucho de ella, pero Jorge insistió en ir. ¡Que razón tenía! Nos impactó enormemente. Habíamos, simplemente, cruzado un río y todo había cambiado. Estábamos en la ciudad sin ley, donde te “asaltaban” y “perseguían” por la calle para venderte lo que fuese, con mercadillos “cutres” por todos lados… Y de repente, centros comerciales mega lujosos (Monalisa) al más puro estilo “El Corte Inglés” o “Galerías LaFayette”. El contraste era enorme. Pasamos de estar en una bodega refrigerada de bebidas carísimas importadas (vinos franceses y argentinos, licores, bourbons…) al mercadillo más pobre con 35 grados a la sombra en cuestión de segundos.

 

Ciudad del Este

Pobres electricistas…
Entada al centro comercial
Uno mas…
PARIS!!
Agradecemos a Jorge habernos llevado allí, ya que nos guió por una ciudad a la que no nos hubiese gustado pasear solos, honestamente.

 

 

Paraguay… Check!!
Esa noche, ya en casa, empezó a caer una tormenta espectacular, que pudimos contemplar desde su apartamento en el 5º piso. E hicimos (o hice…) dos excelentes tortillas españolas para agradecer a Jorge toda su amabilidad.

 

 

Juan cocinando por el mundo
Parece que va a llover…
La mañana del día después, fuimos a visitar un templo budista, un espacio de tranquilidad y armonía muy bonito. Para nuestra mala suerte, empezó a llover a cántaros y a pesar de nuestros chubasqueros, acabamos como “sopas”.

 

 

Templo budista

Explicación de la bandera budista
Paz y armonía
Meditando un poco
Wall-e también se mojó un poco…
Tras despedirnos de Jorge, cogimos (aunque a partir de ahora dejaré este verbo de lado, ya que para los argentinos tiene otro significado…) un autobús urbano que nos llevaría a Argentina. Así de simple cruzar una frontera: en bus urbano. Como tuvimos que bajar para “tamponar” nuestros pasaportes por la aduana brasileña, decidimos hacer autostop hasta la aduana Argentina (ya que había unos 3km o esperar el bus 40 minutos)

 

¡Nuestra primera experiencia de autostop fue muy positiva! No tardaron nada en parar y llevarnos, una familia de brasileños. Tras los controles de aduana Argentina, otro bus nos llevaría a la terminal (estación en “argentino”) de Puerto Iguazú, donde nos esperaba Facundo, nuestro CS allí. Como él estaba en el trabajo, aprovechamos para hacer una compra… Y empezó a llover lo más grande. Por suerte, Facundo llegó pronto y no nos mojamos demasiado. Como se tenía que ir, nos dejó la casa para nosotros. ¿No es increíble que abras y dejes tu casa a dos completos desconocidos? Me encanta Couchsurfing, por si aún no os habéis dado cuenta…

Como queríamos ver las cataratas un buen día de sol, y anunciaban lluvia para el día siguiente, lo dedicamos a visitar el “pueblo”: paseo por el puerto hasta el Hito de las tres fronteras, lugar desde el que puedes divisar los 3 países (estás en Argentina, pero ves Brasil y Paraguay enfrente), divididos por dos ríos, el Iguazú y el Paraná, cuyos cursos se encuentran aquí.

Desde Argentina, Paraguay a la izquierda, Brasil a la derecha
En un punto geográficamente estratégico
Mirando hacia Brasil
Hoy vamos de ricos, Pizza en restaurante!!
Por la tarde, junto a Maxime (el chico que habíamos conocido en Ilha Grande, ¿os acordáis?), visitamos la casa Aripuca, toda construida con troncos y madera, que imita a las trampas que usaban antiguamente para cazar las tribus guaraníes, y que pretende ser una forma de protesta contra la tala excesiva de árboles y abuso que hacemos de los recursos.

 

 

En la casa Aripuca
El gran cazador
Harry, un tío con puntería
Trampa Aripuca
Con nuestro amigo el Palito
Fuimos a tomar una cerveza con Maxime y a dormir temprano.

 

El jueves tocó madrugar, pero mereció la pena. ¡Y de qué manera! No os he hablado aún de Facundo, ¿verdad? Pues resulta que el gran Facundo trabaja de Guardaparque en las Cataratas de Iguazú… Y nos propuso llevarnos al parque en su día de trabajo. Es decir, que tuvimos la increíble suerte de ser los primeros en entrar al parque,(de hecho, hicimos una parte del trabajo de Facundo, abriendo algunos caminos), poder disfrutar de las Cataratas durante hora y media sólo para nosotros… Y, encima ¡GRATIS!

 

Bien temprano
¡Menuda experiencia!

 

Sin nadie más
Abriendo el Parque
Solos por el Parque
No sé si podéis imaginar lo emocionados que estábamos, no nos lo podíamos creer. Queríamos guardar en nuestras retinas (y en nuestras cámaras) cada instante, cada paso que dábamos…

Encima de la Garganta
Con el gran Facundo
Wall-e alucinaba
Cuando acabamos de hacer el circuito superior y la garganta del diablo y nos volvíamos, empezó a llegar la gente, que nos miraba como diciendo… “¿estos de donde salen?” Y nosotros respondíamos con la más amplia de nuestras sonrisas y un “Buenos días” muy educado.

Guardaparques por un día
El nuevo sheriff de Iguazú
Ese soy yo!!
Como ya habíamos visto casi lo más importante, y sólo eran las 9 de la mañana, pudimos disfrutar del resto del parque a nuestro ritmo: senderismo, fotos, vídeos, Wall-e, Chiwaca, comer con vistas impresionantes… ¡Estuvimos más de 8 horas allí!

A Wall-e le encantó el Parque
Escucho agua por aquí cerca…
Comiendo con estas vistas…
The Wall-e King
Juan Y Wall-e despidiendose del parque

Nunca podremos agradecer lo suficiente a Facundo (¡un tío extraordinario, por cierto!) aquel inolvidable día…

Ilha Grande – Paraty

Lunes 17 de octubre. Se acabaron nuestros días en Rio. Y toca separar nuestros caminos. Estamos en la Rodoviaria (estación en portugués) Novo Rio. Tamara y Marta parten dirección Iguazú. Harry, Natalia y yo (Harry, Perry y Morry) dirección sur de Brasil (unas dos horas) a una isla llamada Ilha Grande (lo pronuncian como si fuese una chica sevillana, “illa”). Nos despedimos deseándonos buena ruta y con la esperanza de volver a encontrarnos en nuestro camino por Sudamérica. 

Para llegar a Ilha Grande tuvimos que bajar del bus en un pueblecito, desde donde tomamos un barco. 

Antes de embarcar

Couchsurfing está siendo de las mejores experiencias de mi viaje

Allí nos esperaba Paulo, nuestro Couchsurfer. En otro post os hablaré largo y tendido sobre Couchsurfing, una de las mejores experiencias que estoy viviendo en este comienzo de viaje. Pero para el que no lo conozca, os resumo que se trata de un “servicio” por el cual un completo desconocido te permite dormir en su casa a cambio de… ¡nada! Si, si, como lo leéis. La gente abre su casa para compartir experiencias con otros viajeros, ayudándote a conocer su ciudad, su pueblo, su forma de vivir, aprender a cocinar un plato de comida típica o simplemente echar unas risas tomando unas cervezas con gente que acabas de conocer. Así de simple. Así de mágico.

Villa do Abraãos

Como contaba, llegamos a casa de Paulo, mi primer CS. Y creo que no podía empezar con mejor pie. Su casa, casi en la playa, tenía todo lo que necesitabamos, ya que es todo un manitas del bricolaje, y desde el primer momento nos sentimos como en la nuestra. 

Nuestra cama, construida por Paulo

Además, como había sido guía turístico en la isla, en la que vivía desde hace unos 9 años, nos dio muy buenos consejos. Por ejemplo, aprovechar la tarde para ir a ver una cascada. Así lo hicimos. Un bonito paseo con el sol cayendo, viendo monos y otros animales en el camino. 

Ruinas en el camino
¡Menudo paisaje!
La cascada (y detrás Maxime)
Desde arriba

Allí conocimos a Maxime, un chico francés que también acababa de empezar una vuelta al mundo. Nuestro camino se ha vuelto a cruzar varias veces más a lo largo del viaje…¡qué pequeño es el mundo!

Ya por la noche, preparamos la cena para todos (otro chico brasileño y una chica inglesa) y pasamos una muy buena velada.

Cena con muy buena onda

Al día siguiente, tras poner una lavadora y hacer asuntos de necesidad (buscar alojamiento en futuros destinos, etc) nos fuimos en una barquita hasta una playa paradisíaca (Lopes Mendes) donde pasamos una excelente jornada. 

Amaneció nublado
Ya en la playa
Pequeña siesta
Aguas cristalinas
El paraíso
Dos tontos muy tontos
Disfrutando del paisaje
Recogemos ya

Volvimos sobre las 17h, una buena caminata de más de 2 horas, en la que se nos hizo de noche y pudimos disfrutar de un maravilloso juego de luces de miles de luciérnagas. ¡Precioso!

Camino de vuelta
Ruta muy bonita
Sólo, en el muelle…
Una cerveza bien merecida

Más tarde, mientras hacíamos la cena, Paulo nos”obligó” a todos a bajar a la playa. Sin saber porqué, obedecimos. Y nos encontramos con una maravillosa luna llena sobre el embarcadero de Villa de Abraão.

Luna sobre el muelle

Durante la cena, le comentamos a Paulo que nos gustaría subir a un pico del que nos habló para ver amanecer. Se ofreció a subir con nosotros. Y convencimos a Natalia, que no estaba muy de acuerdo en levantarse a las 2:00 de la mañana para subir 3 horas andando hasta unos 1000m de altitud. Cuando sonó el despertador, Natalia había cambiado de parecer… Y si no es por el poder de convicción de Paulo, se nos queda en la cama.

Antes de empezar

La subida al Pico del Papagayo es un sacrificio, fisico y mental. La primera media hora, entre el sueño y la pendiente, es durísima. Natalia nos mandó a “freír espárragos” varias veces. Pero tras 3 horas de subida en total oscuridad (sólo la luz de nuestros frontales) alcanzamos la cima, felices de haberlo conseguido. Ansiosos por ver un magnífico amanecer, comimos algo, tomamos un café y esperamos… 

En la cima, con la luna
Tomando un café
Esperando al sol

Hasta que, de repente, llegó una nube y nos quedamos en la niebla… Y sin amanecer. 

Antes de la niebla…
Con la Villa do Abraão abajo, a la izquierda

Resignados, emprendimos el camino de bajada (con alguna anécdota sobre un “apretón” y una cuerda que omitiré en este blog). Se nos hizo mucho más ameno, ya que pudimos disfrutar de la naturaleza.

¿de donde vienes, Juan?
Con la niebla
¡Allí hemos estado!
¡Un grupo fetén!
La bajada
“Al pico? Falta mucho…”

A pesar de la decepción de no poder ver amanecer, mereció totalmente la pena éstas casi 8 horas de senderismo en las que reímos, charlamos y nos conocimos un poco mejor.
Al llegar a casa, tomamos una ducha, hicimos nuestras maletas, comimos una especie de quiche hecha por Paulo (la cual estaba riquísima) y nos despedimos de él con mucha pena. Habíamos tenido muy buena onda, como él decía. ¡Gracias por todo desde aquí también!

Reventado…
No soy el único…

Tras otro barco, dos buses y mucho sueño acumulado, llegamos a Paraty. Se trata de una ciudad portuaria donde, antiguamente, llegaba todo el oro, procedente de Minas Gerais o del exterior, lo cual la convirtió durante mucho tiempo en una de las más ricas de Brasil. Su esplendor decayó cuando todo empezó a pasar por Rio.

Al llegar allí, fuimos a buscar nuestro anfitrión de CS. Esta vez se trataba de una casa. Pero no una cualquiera. Se llamaba “La Casa do Dharma” y en ella se daban cursos de meditación y yoga, entre otros. La meditación era gratis y la hacían 4 veces al día y el yoga costaba 25 reales (unos 8€). ¡Queríamos probarlo! Al final… No lo hicimos ningún día… 

The Dharma Initiative
Casa do Dharma

Cuando llegamos allí, nos dio la bienvenida Rafael, que compartía la casa con Agustina y Bruno. Tenían una zona con 4 literas y un baño y allí nos acomodamos. 

Protegidos contra los mosquitos

Rafael nos propuso enseñarnos un poco la ciudad y aceptamos encantados. Pero, según él, antes había que pasar a tomar una cerveza, para conocernos mejor. También aceptamos encantados. Nada más sentarnos, pudimos apreciar la buena energía y alegría que desprendía Rafa. No paramos de reír y de contar anécdotas. Más tarde nos llevó a cenar y decidimos dejar la visita al pueblo para otro día, estábamos reventados.

Con el gran Rafa

Al día siguiente amaneció un poco nublado, así que aprovechamos para pasear y hacer un poco de turismo por la ciudad. 

Aún se puede apreciar el estilo colonial de sus casas e iglesia, mezclado con el ambiente hippie de sus tiendas y calles, así como restos de cultura masónica, que también pasaron por aquí. Cuando la marea sube, muchas calles se inundan y cuando está baja, se ven miles de cangrejos.

El Fary de Paraty
Y desde mi ventana…
El embarcadero
Casas coloniales, símbolos masónicos
Un poco de agua de coco
Al rico coco!!
Iglesia de Paraty
Calle de Paraty, aunque parezca un pueblo granaino

Decidimos comer “al quilo”, es decir, te pesan el plato y según lo que lleves, así pagas. 

Salió un poco el sol y fuimos a una playa cerca de Paraty, pero no fue ni la más bonita ni la más tranquila… Así que decidimos pasar a catar otra vez las cervezas artesanales en “Happy Hour” y hacernos algo rico de cenar en casa. 

¿Happy Hour de cervezas artesanales? Ponga tres

Esa noche llegó otra viajera, Ola, una chica polaca que llevaba 14 meses viajando por América. Hablamos un poco con ella esa noche, pero no hubo demasiado feeling…

El viernes, tomamos el bus para ir a Trindade, donde nos habían hablado de playas magníficas. Cuando llegamos allí, llovía y no resultó ser el mejor día de playa… Pero tras andar unos kilómetros llegamos a una piscina natural, donde el viento no soplaba y el agua estaba tranquila. Un lugar precioso. Comimos y pasamos unas horas allí. 

Día de playa…
¿Donde estás, sol?
Queso plancha, al fin!
Caminando por la playa
En la piscina natural
Con nuestra amiga Ola, la polaca

Era por la lluvia, no es nueva moda

Al coger el autobús en Trindade otra vez, llovía y hacia “frío”. Sólo queríamos llegar a casa y darnos una buena ducha.

Tras la cena, Rafa nos propuso ir al casco histórico y tomar unas buenas caipirinhas (¡la primera desde que estoy en Brasil!) 

Cenando en casa con Rafa. ¿Alguien dijo arroz?
Mi primera caipirinha!
Con Rafa y su colega
De vuelta en un cuatrolatas!

Pasamos un rato muy divertido y había bastante ambiente (Paraty es conocido por su fiesta, pero ahora estamos en temporada baja).

Nuestro último día en Paraty no tiene mucho que contar, ya que llovió tooooodo el día. Harry y yo fuimos a tomar un “Açaí” para desayunar, ya que aún no lo habíamos probado. Se trata de una especie de helado hecho de una baya procedente de una palmera del Amazonas, que se puede tomar con plátano, cacahuetes o casi con lo que te apetezca.

Al rico Açaí!!
Desayuno de campeones

El resto del día lo pasamos en casa buscando destinos, Couchsurfer y demás. 

A las 23:50 salía nuestro bus-cama hacia Sao Paulo, y Rafa vino a despedirse de nosotros a la estación. ¡Qué gran persona con un corazón enorme!

Ese es Harry, si. Protegido contra la lluvia

Nos subimos al bus y a dormir. Nos esperaba un largo día de viaje el domingo. Próximo destino, Cataratas de Iguazú.

Rio. La maravilhosa (parte II)

Día 3. Senderismo, Maracaná y Favelas.

Esa mañana, Harry y yo queríamos ver amanecer (o por lo menos intentarlo) desde lo alto de una montaña o “Morro” con vistas a Copacabana, donde se encuentra el “Forte Duque de Caxias”. 

Muy temprano por Copacabana

Todo salió, digamos… regular: nos levantamos a las 6 de la mañana… Ya había amanecido hacía cosa de una hora (por lo menos); llegamos donde empezaba el camino o “Trilha” y resulta que está en zona militar, y que no se puede entrar hasta las… ¡9:30! ¿y que hacemos en estas tres horas? Pues descubrimos que hay otro sendero… ¡pero hay que atravesar una favela! 

¿tú que dices? ¿subimos o no?

Nos da algo de miedo, sinceramente, pero decidimos hacerlo… Escondiendo antes todo lo de valor y mirando bien el mapa para no tener que sacar el móvil. Pero, lógicamente, nos perdemos por la favela, así que, nos toca preguntar. La gente, muy amable, nos indica el camino, pero… ¡qué camino! Cada escalera y calle estrecha que pasábamos nos ponía más nerviosos y cada vez tenía todo peor pinta… Por fin, encontramos el sendero y nos alegramos mucho de haberlo hecho porque tuvimos unas vistas magníficas de la playa y del morro de Pan de Azúcar, sin sol ni calor asfixiante. 

Copacabana desde las alturas
Pan de azúcar muy cerquita
Vimos muchos Urubús
¡Menudas vistas!
Harry sin miedo

Ya sólo nos queda volver atravesando… ¡otra favela! Pero nos tranquilizó mucho cruzarnos con un grupo de excursionistas que iban a hacer el mismo sendero. Todo acabó sin ningún problema. El miedo es el peor enemigo. 

¡Hasta hicimos un selfie!

Volvemos al hostel, y como queremos ir a Maracaná, decidimos no perder más tiempo. Se apuntan con nosotros Mauro y Ramiro, dos chicos argentinos muy simpáticos que están en nuestra habitación del hostel. 

Tras un divertido viaje en metro, llegamos a este impresionante estadio… Al que no se puede entrar. Así que hicimos las fotos de rigor en el exterior, y poco más. 

¡Qué suerte encontrarnos a Pelé!
Wall-e y Chiwaca también vinieron
Maracaná
Visitando Maracaná con argentinos

Vamos a comer con las chicas. Después vamos a visitar… ¡otra favela! La de Santa Marta. Aunque es la segunda del día, y está “pacificada”, nos da algo de “yuyu” pasar por esas calles tan estrechas… Se trata de la favela donde Michael Jackson grabó el videoclip de la canción “They don’t care about us” y que ha sido visitada por Madonna, entre otros famosos.

Favela St. Marta

Pero la que queríamos visitar era la de Vidigal (si, otra favela), ya que las vistas sobre Ipanema desde lo alto son preciosas, según nos han dicho. Después de un bus y un taxi que nos dejó en la parte baja de la favela (moverse en Rio no es sencillo) decidimos subir hasta arriba…¡andando! 

Subiendo la favela Vidigal a pie

Más de 45 minutos después, reventados y un poco perdidos, llegamos a la cima. Había un poco de niebla y ya estaba anocheciendo (así que nada de puesta de sol),pero…

Vistas desde arriba con la luna llena
  …encontramos un bar donde tomar unas cervezas y bailar un rato… Desde salsa, reggaeton… ¡Hasta “el venao”! ¡¡Lo pasamos genial!!

Favela style

Para bajar decidimos coger una furgoneta (otra experiencia para contar) donde conocimos a Gabriel, chico argentino (de Córdoba) con el que paseamos por la playa de Ipanema de vuelta a casa. Simpático, amable y con buenos consejos para mochileros como nosotros, un placer haberlo conocido. Queríamos salir un poco de fiesta, ya que era sábado, pero el cuerpo tiene un límite… Por hoy ya está bien.
Día 4. Copacabana y Trilha Dois Irmãos.

Domingo por la mañana. Copacabana. Esa playa mundialmente conocida hace honor a su fama. Imposible aburrirse en ella. Abarrotada de gente. Calor asfixiante. Vendedores ambulantes que ofrecen de todo: relojes, palos selfies, bikinis, brochetas de gambas, queso plancha, relojes, gafas de sol, bebidas, y un largo etcétera. Difícil tener un rato de tranquilidad. Bañarse es divertido con las olas. La vista, con el Cristo detrás, los hoteles antiguos y los morros, es muy pintoresca. Pero el sol pega fuerte y decidimos comer a la sombra… Con su respectiva siesta, por supuesto. 

De un lado…
…hoteles y el Cristo del otro
Gente guapa por Copacabana
Panorámica… ¡No hay nadie!
¡¿Selfie panorámico?!
¡Paradón!

Las chicas deciden pasear por Ipanema, playa un poco más “chic”. 

Nosotros, hacer otra ruta de senderismo. El día anterior, Gabriel nos habló de una “Trilha” o sendero que empezaba en la favela en la que habíamos estado (Vidigal) y nos puso los dientes largos con la descripción.

Si, otra vez a subir arriba

Esta vez, para subir a lo alto de la favela tomamos una moto (miedito, mucho miedito) que nos dejó en el comienzo de la “Trilha Dois Irmãos”

La subida, la puesta de sol, las vistas… Todo fue espectacular. 

Descansando de la subida
Despidiendo el sol

Desde allí arriba divisabamos casi todo Rio: Ipanema, Copacabana, Pan de Azúcar, Corcovado… Y al otro lado del camino una favela E-N-O-R-M-E. Impresionante. Ciudad de contrastes. Riqueza y pobreza, solo separados por un “morro”

La favela de día
… Y de noche
Disfrutando de las vistas
La noche cayendo
Rio se enciende

No podríamos tener una mejor despedida de Rio. Difícil de explicar. Instante de paz. De inmensidad. De sentir que no somos nada. Que la vida pasa demasiado rápido, pero que tenemos la suerte de poder disfrutarla. Viviendo al máximo. Como si cada día fuese el último. Momentos que te dejan sin aliento. Por todo esto decidí emprender esta aventura. Y, por ahora, me siento feliz. Gracias Rio. Volveremos a encontrarnos. 

Muito obrigado, Rio

¡Y seguimos!

Rio. La maravilhosa (parte I).

Subiendo al mundo

Esta va a ser una de las entradas del blog más difíciles de escribir. Es casi imposible describir una ciudad como Rio de Janeiro. Todos hemos visto fotos, vídeos, nos han hablado de ella: Copacabana, Cristo del Corcovado, Pan de azúcar… Pero Rio es mucho más. Por muchas descripciones o detalles que pueda dar, siempre me quedaré corto. Sólo cuando la visitas te das cuenta. Pero intentaré contar lo mejor que pueda mi experiencia para intentar que viajéis conmigo.

Impresionante Rio
 

4 días. Sólo 4 días estuvimos allí. Y sé que me dejé mucho por ver. Pero también sé que tarde o temprano volveré. Porque me enamoré de Rio.

Y desde mi ventana…


Cuando llegas al aeropuerto, vas con miedo. Todo el mundo te ha dicho que es una ciudad peligrosa. Todas las precauciones son pocas: que si lleves el dinero escondido, que si no saques tu móvil por la calle, que si no lleves nada cuando vayas a la playa de Copacabana, y así un largo etcétera… Al principio sigues todos al pie de la letra. Al final, es como cualquier otra gran ciudad. Precaución y sentido común bastan.

Así que con estos miedos llegamos al aeropuerto, cogimos un taxi, llegamos al albergue, una pequeña compra, un pequeño paseo por Copa y a dormir, que estamos reventados de viaje. 
Día 1. Cristo del Corcovado.

Buscando al Cristo en el parque Lage
 Muy poca gente sabe (yo incluido hasta que llegué) que se puede subir al Cristo del Corcovado andando. Se trata de un sendero de unas 2 horas y un desnivel de unos 600 metros, que empieza en el Parque Lage, detrás de la escuela de Artes que allí se encuentra. Es recomendable 100%. En primer lugar, porque es mucho más barato. En segundo lugar, es un camino muy bonito. En tercer lugar, aprecias mucho más lo que te encuentras arriba. Es mi opinión, claro. 
¡¿Allí está?!
Sí, allí vamos a subir…
 Así que, tras esperar un poco a las chicas, Harry y yo decidimos empezar. Fue una subida muy amena, en la que encontramos monos Tiki, tuvimos que subir agarrados a una cadena y andamos por unas vías de tren.
Un monito muy bonito
Escalando la montaña escarpada
Mamá, es muy sencillo, te lo prometo!
Pequeño descanso en las vías
 

Al llegar arriba, si quieres entrar a ver el Cristo, tienes que pagar: 12R$ en temporada baja, unos 4€ (el doble si vas en temporada alta), pero merecen la pena. Aunque arriba está abarrotado de gente, es bastante impresionante. Como curiosidad (y casualidad) el Cristo fue diseñado por Landowski, artista francés cuyo taller se situaba en Boulogne-Billancourt (lugar de mi antigua residencia en París). ¡Que pequeño es el mundo!

Primera vista… Sin palabras
Yisus Christ y su discípulo
Cristoselfie
Vistas desde arriba
Contraluz del Corcovado
Después de las respectivas fotos, una cerveza bien fresquita mientras comíamos y esperábamos a las chicas, que llegaron con su anfitrión de CS, Pedro, un chaval muy simpático.
¡Ya estamos todos!
Contentos de estar juntos
Si no hay casi nadie…
Bajando por las vías del tren
 

Decidimos emprender la bajada juntos, a través de las vías del trenecito que sube y baja al Cristo, pero a mitad de camino nos dividimos. Las chicas querían seguir por el mismo camino de subida, Harry, Pedro y yo seguiríamos por las vías. Pudimos echar un ojo al centro de visitantes del Parque Natural de Tijuca (donde se encuentra el Cristo) y un amigo de Pedro nos recogió en su taxi y nos llevó a un mirador 

Que no lo veo… ¿ande andará?
Pan de azúcar
Las sombra de una palmera…
Oh rei de Rio
Y más tarde a casa de Pedro, donde esperamos a las chicas para irnos a probar platos típicos brasileños: Feojada y Farafa. ¡Todo muy rico!

Vistas desde casa de Pedro
Cenando en buena compañía
Día 2. Centro histórico de Rio, barrios de Lapa y Santa Teresa y escaleras de Selaron.

El día amaneció un poco nublado, así que aprovechamos para hacer turismo más “clásico”: iglesias, monasterio de Sao Bento, Teatro (que imita a la Ópera de París), Biblioteca Nacional, Catedral (la más extraña que he visto nunca) y probar algún producto brasileño.

Dos daltónicos muy daltónicos
Iglesia de Nosa Senhora de… No sé qué
El Teatro Municipal ¿o es la Ópera de París?
Aunque no lo creáis, ¡es la catedral de Rio!
Biblioteca Nacional
Un poco de hambre. Productos típicos

Por la tarde, visitamos los barrios de Lapa, donde se encuentras los Arcos y la escalera de Selaron y probamos los famosos Sucos (zumos en español). ¡Tienen de todos los sabores!

Arcos de Lapa
¡Sucos de todo los sabores!
Senna en las calles de Rio
Cerámicas de Selaron
La famosa escalera
Wall-e hace turismo también
Y nuevos amigos
¡Se lo pasó en grande!
¡Almería y su Indalo también están!
París, donde se conocieron sus dueños
Brasil
Acabamos nuestro paseo en el Parque de las Ruinas, con una cerveza en la mano, viendo un atardecer impresionante sobre Rio. Momentos de felicidad.

Puesta de sol en Rio

Recorrimos el barrio de Santa Teresa, donde hay bares y rincones muy bonitos (el Montmartre brasileño lo llaman), hicimos unas parada en el bar de Gomes, el cual nos costó encontrar, ya que todo el mundo lo conoce así, pero… ¡el bar tiene otro nombre! Para terminar el día, tomamos una hamburguesa en un bar alemán (Mike’s place) ¡Riquísima!

Bar de Gomes
Mike’s place